Su familia obtuvo un equipamiento médico especial que recupera la propia sangre.

El Hospital Zonal “Dr. Andrés Ísola” de Puerto Madryn, dependiente del Ministerio de Salud del Chubut, realizó una importante cirugía sin transfusión de sangre a un bebé de un año oriundo de la ciudad portuaria y Testigo de Jehová, gracias a que su familia pudo acceder, con ayuda de su comunidad religiosa, a un equipamiento médico especial que permite la regeneración de la propia sangre.

El niño había nacido con una patología congénita llamada craneosinostosis tipo trigonocefalia. Aunque ésta no conlleva mayores complicaciones, ocasiona sin embargo la pérdida de la simetría craneal, la cual pudo ser reestablecida mediante una operación de reconstrucción llevada a cabo en el Hospital de Puerto Madryn, por el neurocirujano Pablo Galván.

La intervención resultó exitosa tras tres horas de duración y el niño se recuperó satisfactoria y prontamente. Tanto su familia como el equipo de salud a cargo en el Hospital Ísola quedaron también satisfechos por el abordaje comprensivo y colaborativo que permitió resolver el dilema bioético que suele estar implicado en la intervención quirúrgica a pacientes Testigo de Jehová, para quienes extraer sangre a otras personas e infundirla en el propio cuerpo se considera una gran falta de respeto a la vida, dado que esta religión sostiene que Dios les manda a “abstenerse de la sangre”, aun cuando se corra inminente riesgo de muerte.

En procedimientos quirúrgicos importantes como este, uno de los métodos más usados para evitar transfusiones es la técnica del rescate celular, mediante la cual una máquina extrae sangre de la zona quirúrgica del paciente y la almacena. Luego, otra máquina “limpia” la sangre y la vuelve a introducir en el organismo del paciente si fuera necesario. Una de las claves que hacen que estas prácticas sean aceptadas en pacientes testigos de Jehová, radica en no interrumpir el circuito del flujo sanguíneo en el organismo, pues si se consideran los tubos externos como una extensión temporal del cuerpo y en ningún momento se interrumpe la circulación, técnicamente, no se estaría quebrantando ninguna norma religiosa.

Esto, sumado a tratamientos preventivos consistentes en la administración anticipada de una droga que estimula la producción de glóbulos rojos, hizo posible el éxito de la neurocirugía en el niño. Sin embargo, cabe señalar que el uso de estos medios no resuelve el dilema bioético de la transfusión sanguínea en menores Testigos de Jehová en casos de emergencia o ante complicaciones en quirófano.

El equipo quirúrgico es quien, a veces, debe decidir entre obligaciones que se contraponen, a saber: el deber de beneficencia que obliga a ayudar a mejorar las condiciones de salud de otras personas, el deber de no maleficencia, que obliga a evitar o prevenir el daño y el deber del respeto por la autonomía, que obliga a respetar las decisiones sobre la propia salud. En este caso en particular, por tratarse de un menor de edad, de un tratamiento invasivo y de una cirugía programada sin complicaciones, la autonomía la ejercieron los padres.

Este caso en particular, es un ejemplo de respeto por los principios bioéticos, ya que se logró encontrar la manera para hacer el bien, no causar daño y respetar la autonomía.

Felizmente, el niño ya se encuentra de alta en su casa. La gestión de la familia y el compromiso y sensibilidad del equipo de salud tratante muestran, una vez más, una mejora en la calidad de atención y ponen en valor a la mayor institución pública de salud en la ciudad madrynense.

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